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sábado, diciembre 26

ROSARIO, COMPENDIO DEL EVANGELIO

A la contemplación del rostro de Cristo sólo se llega escuchando, en el Espíritu, la voz del Padre, pues «nadie conoce bien al Hijo sino el Padre» (Mt 11, 27). Cerca de Cesarea de Felipe, ante la confesión de Pedro, Jesús puntualiza de dónde proviene esta clara intuición sobre su identidad: «No te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos» (Mt 16, 17). Así pues, es necesaria la revelación de lo alto. Pero, para acogerla, es indispensable ponerse a la escucha: «Sólo la experiencia del silencio y de la oración ofrece el horizonte adecuado en el que puede madurar y desarrollarse el conocimiento más auténtico, fiel y coherente, de aquel misterio»
El Rosario es una de las modalidades tradicionales de la oración cristiana orientada a la contemplación del rostro de Cristo. Así lo describía el Papa Pablo VI: « Oración evangélica centrada en el misterio de la Encarnación redentora, el Rosario es, pues, oración de orientación profundamente cristológica. En efecto, su elemento más característico –la repetición litánica del "Dios te salve, María"– se convierte también en alabanza constante a Cristo, término último del anuncio del Ángel y del saludo de la Madre del Bautista: "Bendito el fruto de tu seno" (Lc 1,42). Diremos más: la repetición del Ave Maria constituye el tejido sobre el cual se desarrolla la contemplación de los misterios: el Jesús que toda Ave María recuerda es el mismo que la sucesión de los misterios nos propone una y otra vez como Hijo de Dios y de la Virgen».
De la carta de Juan Pablo II Rosarium Virginis Mariae.
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martes, noviembre 3

ESPIRITUALIDAD MARIANA VICENTINA

1. La vida de María

En la época de San Vicente y de Santa Luisa, en los días de la manifestación a Santa Catalina Labouré, al igual que en nuestros días, la auténtica espiritualidad mariana ha de nutrirse del encuentro personal y sincero con María, a partir del contacto permanente con el Evangelio: Deseamos subrayar que nuestra época, como las precedentes, está llamada a verificar su propio conocimiento de la realidad con la Palabra de Dios y a confrontar sus concepciones antropológicas y los problemas que derivan de ellas con la figura de la Virgen, tal cual nos la presenta el Evangelio.

Cuantitativamente hablando, los textos del Nuevo Testamento sobre María son muy sobrios. En las Cartas sólo encontramos un pasaje (Gal. 4, 4). Una referencia también encontramos en los Hechos de los Apóstoles (1, 14). Dos alusiones en el evangelio de Marcos (3, 31-35; 6, 3). Dos escenas en el evangelio de Juan (2, 1-12; 19, 26-27). Los detalles más abundantes están recogidos en los evangelios de la infancia (Mt. 1-2; Lc. 1-2).

El kerigma primitivo se centra en el acontecimiento central de la muerte y resurrección de Jesucristo, sin que aparezca una referencia directa a María. Pero el conjunto del Nuevo Testamento reconoce la función de María como madre y modelo en la historia de la salvación, digna de ser alabada y acogida.

a) María en la historia de la salvación

El papel de María en la historia de la salvación puede ser presentado a través de dos expresiones que encontramos en el evangelio de Lucas:

  • Esclava del Señor (Lc. 1, 38). María es instrumento elegido por Dios para el cumplimiento de sus designios, manteniéndose fiel a su misión de manera incondicional;
  • Bendita entre las mujeres (Lc. 1, 42). María no es sin más preferida entre sus contemporáneas. La bendición indica la participación en los bienes mesiánicos y una aportación a la salvación. Esto no puede reducirse a un mero dar a luz el fruto de sus entrañas, sino que, a la luz de los episodios veterotestamentarios donde se habla de acciones liberadoras, implica todas las consecuencias que lleva consigo ser la madre del mesías liberador.

La misión de María en la historia de la salvación puede profundizarse también a partir de la profecía de Simeón (Lc. 2, 35), de la escena del encuentro con Jesús en el templo (Lc. 2, 48), o de los dos episodios del evangelio de Juan en relación con la “hora” (Jn. 2, 1-12 y Jn. 19, 26-27).

b) Modelo para el pueblo de Dios

Durante la vida pública de Jesús, los evangelios nos presentan a María como la madre que se hace discípula (Lc. 8, 19-20; 11, 28).

Son, sobre todo, los evangelistas Lucas y Juan quienes nos presentan los rasgos de la personalidad de María como perfecta cristiana y modelo para todo el pueblo de Dios, para la Iglesia. Todas las dimensiones espirituales características de la línea mística de los pobres de Yahvé en el Antiguo Testamento, y que serán canonizadas por las bienaventuranzas evangélicas, convergen en María y componen su retrato espiritual: pobreza (Lc. 1, 48), servicio (Lc. 1, 38. 48; Jn. 2, 5), temor de Dios (Lc. 1, 29. 50), conciencia de su propia fragilidad (Lc. 1, 52), sentido de justicia (Lc. 1, 53), solidaridad con el pueblo de Dios (Lc. 1, 52-55), alegría (Lc. 1, 28. 47), apertura y disponibilidad al plan divino (Lc. 1, 38. 51), confianza en la realización de las promesas de Dios fiel y misericordioso (Lc. 2, 19. 51) demuestran la profunda religiosidad de María en sintonía con la piedad bíblica veterotestamentaria. El Magníficat es el canto de los pobres, reunidos de todos los puntos de la historia bíblica, de todo el verdadero y espiritual Israel, heredero de las bendiciones mesiánicas; presenta a María como la hija de Sión, el resto de la comunidad de Israel que ha llegado a la perfección, dispuesto a acoger la alegría mesiánica y a realizar la presencia salvífica de Dios en la humanidad.

c) Digna de ser alabada

El evangelio de Lucas invita a los cristianos a alabar a María: Desde ahora me felicitarán todas las generaciones (Lc. 1, 48); a unirse a Isabel para llamarla bendita (Lc. 1, 42), reconociendo en ella la acción de Dios que la ha elegido para participar tan decisivamente en su plan de salvación.

d) La acogida de su maternidad

El evangelio de Juan invita a los seguidores de Jesús a acoger a María como Madre: Desde aquel día el discípulo la recibió en su casa (Jn. 19, 27). Para el discípulo de Jesús, entre sus bienes, entre las cosas propias que le vienen del hecho de estar en comunión con Cristo, está el acoger en la fe a la Madre.

Como vemos, el Nuevo Testamento nos proporciona los elementos esenciales donde beber para configurar la espiritualidad mariana. La lectura de las sagradas Escrituras, hecha bajo el influjo del Espíritu Santo y teniendo presentes las adquisiciones de las ciencias humanas y las variadas situaciones del mundo contemporáneo, llevará a descubrir cómo María puede ser tomada como espejo de las esperanzas de los hombres de nuestro tiempo.

2. La fe de la Iglesia

La Iglesia es el sacramento de Cristo y de su seguimiento. Es el lugar más auténtico y primordial del encuentro con el Padre. La Iglesia es la patria, el lugar privilegiado donde está y actúa el Espíritu Santo.

En todas las épocas de la historia resurge la tentación de un cristianismo y de una espiritualidad sin la Iglesia y lo que ella nos ofrece como experiencia. Sin embargo, es el criterio de la comunidad eclesial el que confronta nuestra personal experiencia cristiana con el evangelio y con la práctica de Jesús, de manera que no resulte sectaria y subjetiva. Es también la comunidad eclesial la que pone a nuestro alcance la gran tradición espiritual del cristianismo y nos propone testigos vivos del seguimiento de Jesús, suscitados por el Espíritu Santo. Y es en la celebración común de la fe, en la profundización de la Palabra de Dios, en la respuesta compartida de los compromisos cristianos, como la comunidad eclesial va guiando a sus miembros, en ayuda recíproca, a vivir desde Dios.

El Concilio Vaticano II dedicó el capítulo VIII de la Constitución Lumen Gentium a María: La Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, en el misterio de Cristo y de la Iglesia. “Como es fruto de dos tendencias, la presentación que hace de la Virgen es bella, positiva, equilibrada, bíblica, ecuménica y eclesial. Verdaderamente es difícil escribir con mayor fundamento escriturístico, con más solidez teológica y con una más devota unión que como se redactó este capítulo. En él se pone de relieve el papel incomparable de María en la historia de la salvación, pero siempre con relación a Cristo y a la Iglesia”.

Pablo VI publica en 1974 la Exhortación Apostólica Marialis Cultus. Actualiza la doctrina del Vaticano II sobre la Virgen, clarifica la relación esencial de la Virgen con el Salvador y marca las líneas de la espiritualidad y culto marianos, proponiendo a María como modelo: la Virgen oyente, la Virgen orante, la Virgen Madre, la Virgen oferente.

Juan Pablo II publica en 1987 la encíclica Redemptoris Mater para promover una nueva y profunda lectura de cuanto el Concilio ha dicho sobre la Virgen María, madre de Dios, en el misterio de Cristo y de la Iglesia, con una doble intención: presentar una doctrina de fe sobre María y fomentar una adecuada espiritualidad mariana.
Una auténtica espiritualidad mariana no puede dejar de beber en la fuente que es la fe de la Iglesia, constantemente repensada y reformulada en los documentos de su magisterio. No es posible construir una espiritualidad mariana auténtica al margen o fuera y mucho menos en contra del sentir de la Iglesia.

lunes, septiembre 14

ESPIRITUALIDAD MARIANA VICENTINA

Dar forma hoy en las asociaciones laicales vicencianas

a una espiritualidad mariana viva

Después de haber considerado las fuentes en las que bebe la espiritualidad mariana de la FV, interesa que centremos nuestra atención en algunas propuestas que contribuyan a dar forma hoy a una espiritualidad mariana viva. Y pensamos concretamente en las asociaciones laicales vicencianas, dada la naturaleza de este Mes Vicenciano1.

Hablamos de dar forma hoy a una espiritualidad mariana viva. ¿Acaso no es perenne la espiritualidad mariana? ¿No es Jesucristo el mismo ayer, hoy y siempre? (Heb. 13,8). ¿Cómo decimos, pues, dar forma hoy a una espiritualidad mariana viva? Ciertamente que Cristo es el mismo, pero no es la misma la persona humana que tiene que acogerlo en cada época histórica, ni son los mismos los planteamientos antropológicos y culturales en los que se inscribe su vida. De ahí que sea necesario volver en cada época a beber de las fuentes inspiradoras y actualizar sus expresiones. María ha alimentado en todas las épocas de la Iglesia la experiencia espiritual de los cristianos, pero su figura ha sido recreada de formas muy variadas a lo largo de la historia. Al comienzo del Tercer Milenio, ¿puede la FV, bebiendo en sus fuentes inspiradoras, dar forma a una espiritualidad mariana viva?

Permítanme sugerirles algunas propuestas:

1. Amar a María

Todas las almas verdaderamente cristianas han de profesar un gran amor a la Santísima Virgen y honrarla profundamente en su cualidad de Madre de Dios, así como por las virtudes que Dios le ha otorgado con este fin. Estas palabras, que fueron escritas por Santa Luisa de Marillac, nos ofrecen la primera propuesta para una espiritualidad mariana viva. Como han expresado las Constituciones de las Hijas de la Caridad, quien quiere seguir a Jesucristo, encuentra a la que lo recibió del Padre, María, la primera cristiana2.

A lo largo de su historia, y en cada una de sus instituciones y grupos, la FV ha otorgado un lugar destacado a la Virgen María. María es reconocida e invocada como Madre por la FV. Todo cristiano, y concretamente cada uno de nosotros, miembros de la FV, está invitado a acoger a María entre sus cosas más queridas y preciosas3. En las asociaciones vicencianas hemos de promover, pues, un verdadero amor a María. Sin descuidar la pertinente observación de S. De Fiores: “lo que el cristiano de hoy desea es un encuentro auténtico y personal con María, libre de hipotecas y de visiones caducas, basado en el contacto asiduo con el evangelio y expresado en un diálogo con ella totalmente renovado”4.

Esta es la primera propuesta: que en todas nuestras asociaciones cultivemos un auténtico amor a María.

2. Vivir como María

Nuevamente es Santa Luisa la que nos guía para formular nuestra segunda propuesta: Al ejecutar nuestras acciones, pongamos los ojos en las de la Santísima Virgen y pensemos que el mayor honor que podemos tributarle es imitar sus virtudes.

Con toda claridad lo recordaba el Concilio Vaticano II: La verdadera devoción no consiste ni en un afecto estéril y transitorio ni en una vana credulidad, sino que procede de la fe verdadera, por la que somos conducidos a conocer la excelencia de la madre de Dios y excitados a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes.5

El gran cambio de rumbo producido a partir del Concilio Vaticano II en la espiritualidad mariana ha consistido en proponer a María como aquella a la que debemos imitar mucho más que aquella a la que debemos rezar. “María es exaltada menos en sus privilegios y más en sus funciones; menos en su realeza y más en su ejemplaridad”6.

Vicente de Paúl y Luisa de Marillac son muy claros al proponernos a María como ideal de vida, como modelo. También la Medalla Milagrosa es un compendio de la vida de María y un apoyo para la vida cristiana.

Bebiendo de las fuentes inspiradoras de la espiritualidad mariana en el carisma vicenciano, nuestras asociaciones vicencianas podrían esforzarse por dar forma en la propia vida a los siguientes rasgos del cristiano y de María:

  1. Llamados y elegidos

Vicente de Paúl y Luisa de Marillac afirmaron sin reservas la Inmaculada Concepción de María. También las manifestaciones de Sor Catalina Labouré y la Medalla Milagrosa proclaman inequívocamente este mismo misterio: Si la Virgen es llamada también ‘bendita entre las mujeres’, esto se explica por aquella bendición de la que Dios Padre nos ha colmado en los cielos, en Cristo... Es una bendición derramada por obra de Jesucristo en la historia del hombre desde el comienzo hasta el final: a todos los hombres. Sin embargo, esta bendición se refiere a María de modo especial y excepcional... En el misterio de Cristo, María está presente ya antes de la creación del mundo como aquella que el Padre ha elegido como Madre de su Hijo en la encarnación, y junto con el Padre la ha elegido el Hijo, confiándola eternamente al Espíritu de su santidad.7

Como María, desde el día del bautismo, cada uno de los cristianos estamos llamados a honrar en nosotros mismos el estado de gracia, la amistad con Dios, la comunión con él, la inhabitación del Espíritu8, siendo santos e irreprochables en el amor.

Solían repetir Vicente de Paúl y Luisa de Marillac: llamados por todo un Dios... ¡oh, qué grande es esto!9

Desde el reconocimiento de la grandeza de la elección, hecha de cada uno de nosotros por Dios el día de nuestro bautismo10, brotará la generosidad de nuestra respuesta y la urgencia de la diaria superación.

  1. Atentos y disponibles a la voluntad del Padre

María es introducida definitivamente en el misterio de Cristo a través del acontecimiento de la anunciación: La que en la anunciación se definió como esclava del Señor fue durante toda su vida terrena fiel a lo que este nombre expresa, confirmando así que era una verdadera discípula de Cristo, el cual subraya intensamente el carácter de servicio de su propia misión: el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos (Mt 23, 1-2). Por esto María ha sido la primera entre aquellos que, sirviendo a Cristo también en los demás, conducen en humildad y paciencia a sus hermanos al Rey, cuyo servicio equivale a reinar, y ha conseguido plenamente aquel estado de libertad real, propio de los discípulos de Cristo: ¡Servir quiere decir reinar!11

El acontecimiento de la Anunciación ha inspirado a los miembros de la FV desde los días de Vicente de Paúl y Luisa de Marillac. La vida de Catalina Labouré es la historia de una fidelidad a la voluntad de Dios tejida de trabajo, sencillez, humildad, caridad y silencio. La Medalla Milagrosa ha contribuido a escribir páginas heroicas de fidelidad a Dios, de autenticidad cristiana, de conversión. Como María, los miembros de la FV hemos de saber vivir abiertos a la fuerza transformadora del Espíritu, para que sepamos entregarnos sin reservas al cumplimiento de la voluntad de Dios, siempre atentos y disponibles.

  1. Para que Cristo se forme en nosotros

La existencia entera de María es una plena comunión con su Hijo... Fue la fiel acompañante del Señor en todos sus caminos. La maternidad divina la llevó a una entrega total. Fue un don generoso, lúcido y permanente. Anudó una historia de amor a Cristo íntima y santa, única, que culmina en la gloria”.12 De esta unidad de la Madre con Cristo es expresión plástica la Medalla Milagrosa, sobre todo en la unión de los dos corazones y la letra M entrelazada con la Cruz, que figuran en su reverso. Identificarnos con Jesucristo, revestirnos del espíritu de Jesucristo, para continuar su misión, pertenece al corazón mismo del carisma vicenciano. En este proceso, los miembros de la FV no podemos dejar de mirar a María, cuya existencia entera es plena comunión con Cristo.13

  1. Para llevar el Evangelio de la caridad a los pobres

María, la mejor discípula de Cristo, la que ha vivido la mayor identificación con Cristo, es también la colaboradora más estrecha en su obra: Ella fue algo del todo distinto de una mujer pasivamente remisa o de religiosidad alienante. No es sólo el fruto admirable de la redención; es también la cooperadora activa.14

Pablo VI describía la evangelización como un verdadero alumbramiento: La Iglesia, con la Evangelización, engendra nuevos hijos. Ese proceso que consiste en transformar desde dentro, en renovar a la misma humanidad, es un verdadero volver a nacer.15 El mismo Pablo VI señalaba la amplitud del servicio de María y apuntaba la variedad de situaciones en las que el seguidor de Cristo debe hacer presente la fuerza del Evangelio: Ella es una mujer fuerte que conoció la pobreza y el sufrimiento, la huida y el exilio (Mt. 2, 13-23): situaciones éstas que no pueden escapar a la atención de quien quiere secundar con espíritu evangélico las energías liberadoras del hombre y de la sociedad.16

La evangelización y el servicio de los pobres constituyen la razón de ser de todas las instituciones y asociaciones de la FV. San Vicente de Paúl propone en numerosas ocasiones la prontitud de María en la Visitación como modelo para el servicio de los pobres: Honrarán la visita de la santísima Virgen cuando fue a visitar a su prima con prontitud y alegría.17 Las manos abiertas de la Virgen Milagrosa y su manto que cubre la tierra y abraza a los pobres; la Visita de María a Isabel y la espiritualidad del Magníficat; la solicitud de la Madre que coopera a la generación y educación de los hermanos y hermanas de su Hijo.18... ¡Cuántas referencias marianas que han de seguir inspirando el servicio evangelizador y la nueva imaginación de la caridad de la FV frente a la pobreza de mil rostros!

Hemos hablado al comienzo de este trabajo que hablar de espiritualidad mariana es encontrar en María inspiración en el seguimiento de Cristo. Y esta es nuestra segunda propuesta para una espiritualidad mariana viva hoy: vivir como María:* Llamados y elegidos;

* Atentos y disponibles a la voluntad de Dios;

* Para que Cristo se forme en nosotros;

* Para llevar el Evangelio de la caridad a los pobres.

3. Celebrar el misterio de Cristo con María

Al formular nuestra tercera propuesta para una espiritualidad mariana viva hoy en las asociaciones vicencianas, recurrimos de nuevo a la recomendación de Santa Luisa: Bueno será tributar a María todos los días algún honor; y el mayor que podemos ofrecerle es el de unir nuestro espíritu a la intención de la Santa Iglesia en las preces con que en cada tiempo (litúrgico) la saluda.

Los documentos de la Iglesia, a partir del Concilio Vaticano II, nos señalan el camino con claridad:

  • La liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza”19;

  • En la celebración del círculo anual de los misterios de Cristo, la santa Iglesia venera con amor especial a la bienaventurada Madre de Dios, la Virgen María, unida con lazo indisoluble a la obra salvífica de su Hijo”20;

  • Cristo es el único camino al Padre. Cristo es el modelo supremo al que el discípulo debe conformar la propia conducta, hasta lograr tener sus mismos sentimientos, vivir de su vida y poseer su Espíritu: esto es lo que la Iglesia ha enseñado en todo tiempo y nada en la acción pastoral debe oscurecer esta doctrina. Pero la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo y amaestrada por una experiencia secular, reconoce que también la piedad a la Santísima Virgen, de modo subordinado a la piedad hacia el Salvador y en conexión con ella, tiene una gran eficacia pastoral y constituye una fuerza renovadora de la vida cristiana”21;

  • María, que por la gracia de Dios, después de su Hijo, fue exaltada por sobre todos los ángeles y los hombres, en cuanto que es la Santísima Madre de Dios, que intervino en los misterios de Cristo, con razón es honrada con especial culto por la Iglesia... Las diversas formas de piedad hacia la Madre de Dios que la Iglesia ha venido aprobando hacen que, al ser honrada la Madre, el Hijo, por razón del cual son todas las cosas y en el que plugo al Padre eterno que habitase toda plenitud, sea mejor conocido, amado, glorificado, y que, a la vez, sean mejor cumplidos sus mandamientos ”22;

  • La Iglesia se siente invitada a inspirarse en María “como ejemplo de la actitud espiritual con que la Iglesia celebra y vive los divinos misterios”23;

  • La Iglesia, cuando considera la larga historia de la piedad mariana, se alegra comprobando la continuidad del hecho cultual, pero no se vincula a los esquemas representativos de las varias épocas culturales ni a las particulares concepciones antropológicas subyacentes, y comprende cómo algunas expresiones de culto, perfectamente válidas en sí mismas, son menos aptas para hombres pertenecientes a épocas y civilizaciones distintas”.24


A la luz de estos principios, las diversas asociaciones de la FV hemos de aprender a celebrar el misterio de Cristo, a lo largo del año litúrgico, con María. La fidelidad a estos principios requerirá, en ocasiones, que revisemos y actualicemos nuestras formas de piedad y devoción a la Virgen María. Teniendo en cuenta estos criterios, deberemos cuidar los detalles de las manifestaciones de nuestra devoción a la Virgen María. Porque las manifestaciones de nuestra devoción a la Virgen María no pueden ir por un camino distinto al de nuestra espiritualidad vicenciana.


Conclusión


En la Palabra de Dios, en la vida de la comunidad eclesial y en nuestra tradición espiritual propia, encontramos las fuentes inspiradoras para la espiritualidad mariana en el carisma vicenciano. La vida en seguimiento de Cristo según el carisma vicenciano encuentra en esta espiritualidad mariana inspiración hoy.

1 Como sabemos, existen muchos otros grupos y asociaciones dentro de la FV. Nos referimos aquí concretamente a las asociaciones laicales fundadas por San Vicente y Santa Luisa (AIC), o surgidas a partir de la manifestación a Santa Catalina Labouré (1830) (AMM, JMV, MISEVI) o en torno a ella (SSVP). Cf. Betty Ann McNeil, Monograh I. The Vincentian Family Tree, Vincentian Studies Institute, 1996.

2 C. 1.12.

3 Cf. Jn 19. Redemptoris Missio, 45.

4 S. DE FIORES, o.c., p. 1151.

5 Lumen Gentium, 67.

6 T. GOFFI, o.c., p. 671.

7 Redemptoris Mater, 8.

8 Marialis Cultus, C 57.

9 SLdM, E. n. 211. Cf. C. 257. SV IX, 242 / ES IX, 232.

10 Cf. SLdM, E. n. 8.

11 Redemptoris Mater, 41.

12 Marialis Cultus, 25.

13 En la Virgen María todo es referido a Cristo y todo depende de él. Marialis Cultus, 25.

14 Marialis Cultus, 37.

15 Evangelii Nuntiandi, 18.

16 Marialis Cultus, 37.

17 SV XIII, 419 / ES X, 570; Cf. SV I, 513 / ES I, 509; SV II, 247 / ES II, 207; SV IX, 258 / ES IX, 245-246.

18 Cf. Redemptoris Mater, 6.

19 Sacrosanctum Concilium, 10.

20 Ibid. 103.

21 Marialis Cultus, 57.

22 Lumen Gentium, 66.

23 Marialis Cultus, 16.

24 Ibid., 36.

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